Historia de la Pandorga

 

LA PANDORGA

 

 

        Desde tiempos remotos, las gentes de Ciudad Real, encomiendan a la Virgen del Prado, sus haciendas y cosechas y al finalizar las recolectas, bajo el sol de justicia del verano manchego, coinciden los agricultores en su agradecimiento a través de las ofrendas. Provenientes de todos los campos adyacentes y vestidos con sus mejores galas, acuden a mostrarse ante nuestra Señora. Suenan en la Basílica, al olor y la frescura de las ofrendas, los maitines y las salves, y por el camarín de la Virgen se abre un pasillo entre lo divino y lo humano. La Virgen, espectadora desde su palco, bendice la música y los bailes que los lugareños acercan a sus inmediaciones, para celebrar el ciclo natural.

 

         La música es el ritmo del color, del olor de estas flores, el de estas frutas y hortalizas, el de estas cintas y trajes, el de estos ojos de las mujeres hermosas, música que ponemos al recitar el ¡laboreo!

 

        Una vez autorizada esa sonrisa insinuante que adorna la seguidilla, la castañuela marca a cada bailarín su cortejo... cortejo que ilustra al Prado entero, la gente de la huerta se torna elegante bajo bordados y encajes que anhelan ovillarse sobre los hombros estilizados.

 

        Es la Pandorga, una noche entre julio y agosto llena de estrellas y ojos que destellan y en la que, las palabras que sobreviven al vino, se juntan, las llaman coplas o seguidillas y luego se cantan y bailan con gracia y descaro.

 

        Es indudable la relación de la fiesta con el patronazgo de la Virgen del Prado; pero no se sabe muy bien cuando, a la oración, se le sumó la ofrenda, cuando ésta fue entonada, cuando acompañada por instrumentos musicales de cuerda y llamada entonces Pandorga, cuando acordó el pueblo oficializarla con su reiteración espontánea y cuando quedó instituida por la autoridad y el Pandorgo. Pero así es la Pandorga, una fiesta sencilla que se celebra de forma entrañable en torno a aquello que fascina al hombre de bien: la gente agradecida que porta su simbólica ofrenda, la música de cuerda acompañando a los bailes regionales bajo el discreto tablao del Camarín de la Virgen, la colorida vestimenta de mate puro, de piedra preciosa, el aliño, que los condimentos y los vinos bien pisados, añaden a la comedida magia del refrán.

 

        Sobre los orígenes y desarrollo de nuestra fiesta no disponemos de muchos datos. El historiador Hermenegildo Gómez Moreno, nos cita a un cronista del siglo XVII que ya tacha, por aquel entonces, de antigualla a la Pandorga, y nos la presenta más o menos como la conocemos en el siglo XX, con la figura del organizador de la fiesta.

 

        Don Pedro Echevarría también nos dice, que parece ser que durante el siglo XVI, existía la costumbre de saludar a la Virgen con canciones populares la noche del 31 de julio.

 

        Asímismo Gómez Moreno y Julián Alonso coinciden en apreciar la tradición de renovarse, si fuese necesario alguna de las siete banderas de la Virgen que se exhibían en el templo catedralicio en conmemoración de gesta o proclamación de rey, renovación que era realizada por quien organizaba la pandorga.

 

        Ya en las propias seguidillas consta la suspensión de la pandorga por el corregidor Maldonado en 1789, provocando que las rondallas y orquestas salieran a la calle para cantar: "este año no hay pandorga Virgen del Prado, por la cicaterías de Maldonado".

 

        Durante la segunda mitad del siglo XIX, era famoso el tío Juan Chirimón, cantaba las manchegas junto a la catedral el día de la pandorga, con tal potencia, que se escuchaban en su pueblo natal: Poblete.

 

        El articulista Ybarpérez hacía una completa descripción del fenómeno cultural en "el último carro": "es el carro de la labor... el último viaje del mes desde la tierra a la era y como se ha llevado a cabo gracias a dios, sin contratiempos... con vivísimos y rojos reflejos... de las mies y de los pañuelos de vistosos colores... empieza la fiesta y cantan y bailan mozas y mozos y todo es holgorio, alegría y risas y en báquico festín comen algún conejillo y beben sendos tragos de criminal peleón".

 

        De 1896 obran, en el museo López Villaseñor de Ciudad Real, un acta municipal por la cual se concede una subvención de 50 pesetas para la celebración de la pandorga de ese año y así mismo constan suprimidas, las ayudas para la demás verbenas.

 

        Durante el siglo XX, la Pandorga ha estado sometida a vaivenes y avatares que han condicionado su celebración, pero la autenticidad de los principios que la componen, los que describen sus elementos esenciales y diferenciadores, la hacen fácilmente rebrotar en su escenario proclive; circunscrita a los dominios de la basílica, el templete, la terraza del casino, el paseo del prado... al arrullo del camarín.

 

        A principios del siglo XX, la Pandorga fue relegándose a cortas intervenciones musicales, visita a la Catedral y pasiva asistencia de transeúntes en un "ir y venir" por el Prado, a pesar de los esfuerzos de los que ostentaban el reino de la copla: Mazantini, el ciego Paco y Pepe el gordo, que organizados en rondalla acudían a la cita del 31 de julio fuera esta festejada o en rebeldía, "este año no hay pandorga virgen del prado, tus hijos por desidia te han olvidado, pero aquí tienes al viejo mazantini que a cantar viene".

 

        En aquellos años, en 1912, el periodista don Francisco Herencia y el articulista Sastre Moreno reivindicarán a través de la prensa manchega, el ambiente de popularidad y poesía que hacían genuina a la Pandorga y el romanticismo de las noches del Prado por "la hermosura íntima de la copla manchega".

 

        En 1915, Francisco Herencia, el mismo día de la Pandorga, publicaba un artículo en el "pueblo manchego" en el que imploraba a las personalidades del pueblo, que respaldaran una costumbre tan manchega y regional; pero fue, un canónigo, don Alfonso Pedrero, quien dio un determinante impulso a la Pandorga, convocando a todos aquellos que tuvieran conocimientos y facultades en cantar y bailar manchegas, e invitando a la degustación de espumosos durante su celebración. Todo ello fue interpretado por la prensa como la recuperación de la pandorga y el mancheguismo.

 

        Proliferaron los "aguaduchos", junto a los muros de la catedral, donde se servía agua de cebada, zarzaparrilla y limoná separados del tablao engalanado del paseo principal; como recuerda don Carlos Rojas, caracterizando la Pandorga de principios de siglo.

 

        A partir de 1916, y pese a la suspensión de 1922 por la explosión del almacén pirotécnico que costóla vida de cinco ciudadrealeños, la Pandorga cobra un nuevo esplendor con el resurgir de las manchegas, los cada vez más lucidos actos, dentro y fuera de la catedral, con decorados venecianos que engalanan el prado de farolillos y adornos en medio de una asombrosa participación.

 

        Transcurrida la guerra civil, la Pandorga mantiene sus rasgos característicos y pronto comenzará el resurgir de la ponderación de la postguerra. Primero con los bailes de las "flechas azules" y luego la "Asociación de Coros y Danzas"de la Sección Femenina, el grupo Mazantini, y la posterior incorporación del Grupo de Coros y Danzas "María José Melero" y el Grupo de Coros y Danzas "Nuestra Señora del Prado".

 

        En 1962, un ciudadrealeño con el seudónimo de "el perchelero", publica en el diario lanza lo que entiende por la Pandorga: "no es otra cosa, que lo que hay de eterno en el alma de Ciudad Real".

 

        En 1964 el ayuntamiento asume la organización de la pandorga, introduciendo una procesión floral desde el ayuntamiento a la catedral y tomando parte distintas bandas y agrupaciones musicales.

 

        La música, esa reunión de instrumentos, voces y oraciones entonadas, es el alma de la pandorga y lo que siempre la ha caracterizado. Ya en 1925 adquirió gran relevancia la participación del coro de los niños del hospicio, interpretando el himno de la mancha, del maestro Segura. Pero la Pandorga habría de tener su propio himno y fue la creación de Javier Segovia, el auténtico chupinazo de la Pandorga de hoy; cuando los jóvenes por primera vez en 1973, en la plaza de toros de ciudad real, corearon: "mi pueblo cantará pandorga" adivinando la fuerza de esta connotación cultural.

 

        El aire cada vez más reivindicativo de la participación popular en las fiestas de Ciudad Real fue produciendo su desdoblamiento en dos celebraciones distintas y casi juntas: las Ferias de Ciudad Real, de carácter oficial y la Pandorga, más reivindicativa y popular y donde principalmente participaban más los jóvenes y los amantes de las tradiciones manchegas.

 

        Pronto la Pandorga construyósu protocolo y su moda, con la idea de sumergirse en agua y limoná; así la calle se inundó de camisetas amplias y frescas de color blanco acompañadas de nuestro pañuelo de yerbas, preceptiva credencial del participante que certifica a quien lo lleva como integrante de la fiesta.

 

        Los primeros pañuelos, tradicionales del campo manchego, se dejaron ver en la fiesta en el año 1978. su introducción, atribuida a Carlos de la Torre, fue extraordinariamente recibida en el concurso de "limoná" del año siguiente y posteriormente documentación del pandorguero.

 

        En el año 1979 se realizaba el primer concurso de "limoná", cuyo vencedor don Antonio Cárdenas, sentaba precedente en el arte de mezclar los componentes.

 

        La Pandorga, con alma sencilla y campechana, necesitaba el cuerpo que confirmara su carácter genuino y fue de forma espontánea, cuando reunidos un grupo de manchegos vinculados a las tradiciones en el despacho de Don Tomás Valle de la calle ciruela, cuando este desempolvó un documento que conservaba de su padre y que iba a ser el estandarte de la reconstrucción de la Pandorga y su escenificación.

 

        En este manuscrito se refleja el contenido tradicional de la Pandorga y la existencia de la figura del Pandorgo, figura de vaga y difusa referencia en otros documentos. así mismo desvela el significado de la palabra pandorga y el motivo de la conmemoración.

 

        Las celebraciones de la fiesta tradicional se engrandecen e intensifican, los actos se multiplican y habiendo sido evidenciado por el documento, será el entrañable Pandorgo el que va a desencadenar el auge de nuestra celebración

 

        A partir de 1980 la pandorga vuelve a tener Pandorgo, pero un Pandorgo municipal, arropado por la multitud que había expresado su deseo de ser objeto y fin de la fiesta principal, respaldado por la Federación de Peñas y la comisión de festejos del Ayuntamiento de Ciudad Real, para desempeñar la nada fácil tarea de fundir en armonía, tradición y nuevos tiempos... hombre característico, amante de nuestras costumbres, bonachón y merecedor de honrar a los ciudadrealeños, es el prototipo del Pandorgo.

 

        El Pandorgo, nos representa en las distintas festividades que tienen lugar en Ciudad Real y preside las fiestas de la Pandorga en su protocolo específico.

 

        La Hermandad de Pandorgos, instituida en 1988, tendrá entre sus objetivos el desarrollo de importantes proyectos que exceden del ámbito festivo y que están relacionados con las costumbres y tradiciones de Ciudad Real, tales como promover certámenes literarios, hermanamientos gastronómicos y culturales o charlas de difusión del conocimiento de la Pandorgas y otras actividades tradicionales, entre otras...

 

        La mayoría de los Pandorgos coincidirán en sus discursos de proclamación, en destacar los elementos diferenciadores de la Pandorga: la ofrenda, la plegaria, la danza, la música, la convivencia manchega y "la limoná y los torraos"... que el Pandorgo deberá tener dispuesto en cantidad suficiente para invitar al pueblo de Ciudad Real después de la ofrenda, como corresponde a "quien organiza la pandorga".

 

        A partir de 1980 con la organización del Festival Nacional de la Seguidilla, que universaliza el baile regional manchego, se potencia el aspecto temático que envuelve la celebración y el marco cultural que la refrenda. en 1986 sería declarada "Fiesta de Interés Turístico Regional" y hoy, su inmenso poder de convocatoria, convierte a la noche del 31 de julio de Ciudad Real en una noche mágica… con un escenario musical para cada género, en una ciudad ininterrumpidamente en concierto.

 

        La principal exhibición viene siendo la de la tolerancia y la convivencia y si se alcanzan grandes cotas de permisividad y sociabilidad, también ejemplares niveles de comportamiento.

 

        Para esta concentración impresionante la pandorga siempre supo mezclar buenos vinos, buenas personas y viejos y nuevos tiempos.

 

        En el marco de la especial relación que guarda con su patrona, ciudad real celebra en la pandorga su buen carácter, el respeto por lo propio y su vocación por compartirlo.

 

 

¡¡VIVA LA PANDORGA!!... ¡¡VIVA LA VIRGEN DEL PRADO!!

 

BIBLIOGRAFÍA

 

 

  • La Pandorga, el Pandorgo y la Dulcinea (Samuel Guerrero)

  • Danzas y Bailes de Entremeses ( Entremeses del Conde Alarcos )

  • Mojigangas y Fines de Fiestas ( Lope de Vega )

  • Dicconario de Autoridades

  • Averiguador Universal Nº87

  • Hervas y Buendía

  • Julián Plaza Sánchez y Purificación Muñoz Lozano

  • Federico Aguirre y Prado

  • Excmo. Ayuntamiento de Ciudad Real

  • Periódico LANZA

  • El Pueblo Manchego

  • Efemérides Manchegas ( Fco. Pérez Fernández )

  • Hermenegildo Gómez Moreno

  • Ballester Fernández.

 

Y otros...